miércoles, 23 de enero de 2013

DzC: El tiempo anterior (III)


LA ERA DE LA EXPLORACIÓN Y EL PRIMER CONTACTO

Con estas tecnologías a su disposición, la humanidad fue capaz de embarcarse en la exploración y colonización de la galaxia por primera vez.


La exploración era virtualmente aleatoria en sus inicios, dificultada por la gran imprecisión de la tecnología humana de pliegue espacial. Para saltos MRL precisos más allá de unas pocas horas luz, se necesitaba un Nodo de Pliegue Espacial en el destino, que actuase como baliza asegurando un salto relativamente preciso. Sin esas balizas en posición, los saltos se realizaban al azar, sin garantías precisas de dónde iba a llegar una nave. Como resultado, muy pocos mundos habitables fueron descubiertos durante este período.


Todo esto cambió con el primer contacto con una raza alienígena sentiente de navegantes espaciales; los Shaltari. Con los primeros salto exitosos siendo conseguidos por la humanidad, los Shaltari decidieron que había llegado el momento adecuado para interactuar.

El primer encuentro entre humanos y Shaltari ocurrió a bordo de la fragata de exploración Endurance en el año 2342. Todos los asistentes quedaron deslumbrados por la sofisticación de la tecnología Shaltari, al materializarse toda la delegación, en un momento de asombrosa maravilla, alrededor de un único constructo artificial. A primera vista, parecía que los Shaltari eran físicamente criaturas formidables, cubiertos por trajes blindados profusamente adornados con motivos geométricos que se elevaban más de ocho pies de altura. Segundos después sin embargo, un ser diminuto de estatura avanzó de entre sus guardias, y extendió su mano en un familiar gesto de saludo humano.


Los Shaltari eran ciertamente extraños de contemplar. Con poco más de cuatro pies de altura, el embajador era humanoide, y estaba cubierto de pies a cabeza con púas traslucientes de color blanco. No vestía ropas a la manera humana, pero estaba cubierto de adornos aparentemente decorativos, bastantes de los cuales serían posteriormente entendidos como algo más que simple joyería. Tenía un par de enormes ojos ovoides, de un azul penetrante, y se movía con una gracia serena casi desconcertante de contemplar.

Afortunadamente, la comunicación fue sencilla. De ella se desprendió que los Shaltari habían observado en silencio a la humanidad durante siglos y, por ello, habían dominado todas las lenguas humanas. El embajador habló con una voz profunda y andrógina, totalmente libre de acento o imperfección, el arquetipo de la forma de hablar humana perfecta y sin carácter. El lenguaje Shaltari nunca fue escuchado durante estas primeras interacciones tempranas, ya que los alienígenas tuvieron mucho cuidado hasta de hablar entre ellos en una manera claramente comprensible para los humanos mientras se encontraron en su presencia.

La tecnología Shaltari estaba avanzada a niveles inalcanzables para el entendimiento humano, y de hecho muchos siguen comparándola con magia. Hacían uso extensivo de la teleportación, y utilizaban una plétora de tecnologías incomprensibles. Muchos dispositivos Shaltari parecían inicialmente decorativos, ocultando a menudo su verdadera naturaleza tras su geométrica belleza.

Los Shaltari se mostraron benevolentes inicialmente, y llevaron de la mano a los humanos durante sus primeros pasos por la galaxia. Guiaron a la humanidad a una serie de mundos exuberantes perfectamente adecuados a las necesidades humanas y muy próximos a la Tierra (en términos y escala galácticos). Estos mundos fueron conocidos como los Mundos Cuna y se convirtieron en modelos de la expansión humana en nuevos territorios.

Durante estos años de interacción pacífica, el conocimiento de los humanos acerca de los propios Shaltari fue limitado. Se entendía que el grupo en contacto con los humanos era sólo uno de una red de sociedades similares interconectadas a las que se referían simplemente como las “Tribus”. Cada Tribu, aunque compartiendo la altamente avanzada tecnología de su raza, era diversa a nivel cultural e ideológico. La Tribu concreta en contacto con los humanos se describía a sí misma como “Los Amigos”, ya que su nombre real sería físicamente imposible de expresar en el limitado rango vocal de los humanos.

En su momento, sin embargo, quedó claro que Los Amigos tuvieron sus propios motivos para guiar a la humanidad hacia el cosmos. En los humanos, habían identificado una especie que podía convertirse en un potente aliado contra otra Tribu Shaltari, con la que Los Amigos estaban en guerra. Se hizo evidente que los Shaltari eran pocos, se reproducían lentamente y tenían un miedo casi patológico por la muerte. Los humanos, les parecía, serían excelentes soldados de a pie para sobrepasar a sus enemigos haciendo prevalecer su número.

La alianza se rompió rápidamente, ya que la gratitud de la humanidad no se extendía hasta meterse voluntariamente en una guerra sangrienta como peones contra un enemigo tan obviamente superior en tecnología. Desde ese momento, las dos razas han mantenido una relación tensa y difícil de alianzas cambiantes, cayendo ocasionalmente en completo conflicto. Sin ninguna de las dos razas queriendo ver una carnicería a grane escala, estas batallas nunca han llegado a escalar hasta una guerra total.

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