sábado, 9 de noviembre de 2013

DzC: El tiempo anterior (XIV)

LOS INESPERADOS, LOS IMPENITENTES, LOS INOPORTUNOS

En la víspera de la invasión planeada, un pequeño grupo de naves saltó sin anuncio previo en las proximidades de Aurum, actual planeta sede del Alto Concilio de la UCM. Aparentemente humanas en origen, estas naves fueron escoltadas hasta la órbita tranquilamente, y saludados por el crucero pesado de la UCMF Rubicon. Los visitantes se declararon pacíficos y solicitaron parlamento con quien ostentase la autoridad.

Tras mucho debate, se permitió a una pequeña delegación acceder al Rubicon para ser inspeccionados, y tras ello bajar a la superficie y pasar a la cámara del Alto Concilio de la UCM, que al parecer se encontraba reunido dada la inminencia de la invasión.

Los recién llegados eran claramente humanos a nivel físico, pero tenían un cierto halo sobrenatural, que combinado con un comportamiento arrogante hacía sentirse incómodos a los observadores, aunque ninguno sabía decir el motivo. Sus naves eran obviamente humanas, pero mucho más elegantes que las naves utilitarias e industriales de la UCM. Vestían ropas sencillas blancas, pero su piel reflejaba ocasionales destellos de plata, lo que muchos veían como señal de mejoras biónicas.

Los extranjeros saludaron cortésmente al consejo, se inclinaron en señal de respeto, y realizaron la siguiente declaración:

“Somos representantes de la Esfera Blanca, humildes reflejos de la República Post-Humana. Respetuosamente aceptamos y apreciamos vuestra hospitalidad.

Generaciones atrás, nuestros ancestros lucharon una batalla desesperada e inútil contra vosotros. En un tiempo de gran confusión, las acciones tomadas se estimaron prudentes. No nos disculpamos por ellos, y no esperamos disculpas por vuestra parte. A pesar de ello expresamos nuestro gran pesar y arrepentimiento por las pérdidas de vidas engendradas por ellas.

No venimos a reconciliarnos. Sospechamos que el perdón no puede ganarse en tan poco tiempo.

Venimos en vez de ello, a aconsejaros. La empresa que estáis a punto de acometer es temeraria, inoportuna e inadecuadamente preparada. Habéis progresado admirablemente en encontrar de nuevo vuestra fuerza, pero en esta locura abriréis una Caja de Pandora de guerra perpetua y muerte de la cuál ninguna de vuestras vidas verá el fin.

La Advertencia de la Esfera Blanca se mostró precisa, y con ella en mente humildemente os suplicamos que prestéis atención a estas palabras.”

Sólo el silencio agradeció estas palabras. En las mentes de todos los presentes, la verdad se hizo evidente – estos eran los descendientes de los odiados Abandonistas, aquellos que habían traicionado a la humanidad antes de la llegada de la Plaga y habían arrasado sin sentido la flota para salvar sus propias vidas. Los murmullos crecieron entre los consejeros, hombres que habían escuchado las historias de sus antepasados, cuya percepción de sus antiguos hermanos sólo se había ennegrecido durante casi 170 años. Tras lo que parecieron horas de indignante silencio, Helena Beleque, Presidente de la UCM, se levantó para hablar.

“Pienso que hablo por todos mis exaltados colegas, y de hecho por las personas de las Colonias Unidas, al dar la bienvenida a las noticias de vuestra milagrosa supervivencia. Aquí somos todos humanos, y ahora todos sabemos que nos enfrentamos a mayores amenazas para nuestra existencia que nosotros mismos. La existencia de otros de nuestra perseguida especie debe ser sólo una bendición, en la cara del enemigo que nos sitia.”


Tras permitir que los murmullos decepcionados en la cámara se acallasen, continuó, “Sin embargo, pienso que también comparto sus sentimientos al mantener que de hecho, no perdonamos a vuestros antepasados por sus acciones. Su cobardía, traición y actos de agresión debilitaron a nuestra especie en un momento en que cada onza de nuestra fuerza era necesaria. Si vosotros no podéis encontrar un lugar en vuestra agenda para el arrepentimiento, tampoco nosotros podemos encontrarlo para perdonaros.”

En el silencio tras esta afirmación, el embajador de la República habló, “Tiene razón y se equivoca en la misma medida, Señora Presidenta. Nuestra supervivencia fue indudablemente milagrosa, y de hecho no mostramos arrepentimiento, aunque sólo aquellos incapaces de aceptar la verdad habrían juzgado nuestras acciones de cobardes. En cuanto a su primera afirmación, he de corregirla, nosotros ya no somos simples humanos. Somos mucho más que eso. Por ello, valoramos vuestras opciones en esta empresa de escasas.”

La Presidenta Beleque respondió rápidamente y en tono severo, “No reconocéis la fuerza de nuestros hombres y el ardiente deseo en sus corazones. La Plaga ha reducido a escombros nuestros hogares con una maligna ocupación que nuestras conciencias no pueden seguir consintiendo. Uníos a nosotros en esta gran tarea, y con el tiempo podréis pagar por la sangre de los millones que asesinasteis sobre Vega. Hasta que ese día llegue, consideraos fuera de nuestra protección, y nuestros enemigos si os atrevéis a entorpecer nuestro propósito.”

Tras un largo silencio, el Mariscal Supremo Zachiev, famoso por su falta de cortesía, se levantó de su banco en la cámara del Concilio y espetó, “Dejadnos, traidores. No tenemos nada más que deciros.”

Mientras la delegación de la República abandonaba la cámara en un silencio reservado pero resuelto, cualquier esperanza de una humanidad unidad se marchó con ellos.

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